La Historia de Comercial Flores: Legado de la Tienda de Abastos Tradicional en Riobamba
La Historia de Comercial Flores: El Legado de la Tradicional Tienda en Riobamba
Comercial Flores fue una icónica tienda de abastos antigua en Riobamba, ubicada en el centro de la ciudad, que durante más de seis décadas atendió ininterrumpidamente a generaciones de vecinos. Administrada por Luis Flores y su esposa Dolores Beatriz Cifuentes, este querido negocio dejó un legado invaluable en el comercio local, preservando hasta su cierre la venta de artículos tradicionales ecuatorianos como manteca de cacao, guitarras artesanales y colaciones.
El Origen de una Emblemática Tienda de Abastos en Riobamba
La historia de esta tradicional tienda riobambeña se cimentó en el amor y el trabajo en equipo. Luis Flores y Dolores Beatriz Cifuentes transformaron su matrimonio en una sociedad de cariño, comprensión y respeto, pilares que consideraron el verdadero éxito para sacar adelante a su familia y dar educación a sus siete hijos.
Los inicios del negocio se remontaron a la juventud de Doña Beatriz, cuando trabajaba para la familia Gallegos. Al empeorar la salud de Victoria Gallegos debido a un fuerte asma, le propuso a Beatriz que se hiciera cargo de la administración. Esta oportunidad marcó el inicio de una trayectoria comercial que duraría más de sesenta años.
El primer local se estableció en la intersección de las calles Guayaquil y Colón, contiguo al edificio de los consultorios odontológicos de la Familia Cifuentes. En aquella época de antaño, se pagaba un arriendo de apenas 100 sucres, la antigua y recordada moneda del Ecuador.
Los márgenes de ganancia eran mínimos en sus inicios. Las madres de familia realizaban sus compras diarias invirtiendo alrededor de cinco sucres, adquiriendo fideo, manteca, sal y harinas que se medían por onzas. El arroz, como recordaba Don Luis, era un lujo gastronómico que "solo se comía los domingos".
Evolución y Productos: ¿Qué Vendía Esta Tienda Tradicional?
Una de las claves de la longevidad de Comercial Flores fue su capacidad para adaptarse a los cambios del mercado local. En sus primeros años, el negocio funcionó también como ferretería, vendiendo serruchos, clavos, machetes y linternas. Sin embargo, al aparecer negocios especializados, supieron cambiar su enfoque.
Hasta sus últimos días, la tienda ofreció un catálogo fascinante que mezclaba abarrotes con verdaderas reliquias comerciales. Entre sus perchas se podía encontrar productos antiguos ecuatorianos:
- Guitarras artesanales: Una tradición de más de 50 años. Originalmente proveídas por Gualberto Barrera desde Tisaleo (Ambato), a un costo mayorista de 25 sucres.
- Caretas de cartón para fiestas: Tradicionales máscaras festivas entregadas por el artista de Salcedo, Jorge Ninapugza.
- Colaciones tradicionales: Dulces históricos que antiguamente entregaba Rosa Condo de Guano y, posteriormente, Victoria Terán.
- Velas y artículos religiosos: Paquetes de velas de todos los colores y perfumadas (de la fábrica Santa Mónica de Quito), cirios y sahumerios.
- Golosinas y bebidas clásicas: Nostalgia embotellada con marcas históricas como Orangine de Quito, cola Tropical de Guayaquil, Güitig de Machachi, y leche Indulac.
💡 Sabías que... Los Artículos de Antaño Sobrevivieron al Tiempo
Comercial Flores fue uno de los últimos lugares en la ciudad donde se conseguían productos de cuidado personal del siglo pasado. Ofrecían manteca de cacao para labios resecos y el tradicional jabón negro para la caspa, traído directamente por un proveedor cuencano.
También comercializaban la piedra pómez entregada desde Salcedo, un producto tan antiguo que muchos jóvenes desconocían su uso. Además, mantuvieron vivos los tradicionales aventadores, usados antiguamente por las familias para avivar el fuego en fogones y braseros, junto con las indispensables pilas para radios portátiles.
La Clave del Éxito Comercial: Atención al Cliente y la Famosa "Yapa"
En el competitivo mundo del comercio, la diferenciación de Comercial Flores siempre fue su trato humano. El secreto de un tendero exitoso, según la filosofía de Luis Flores, radicaba en tratar a la gente con delicadeza, respeto y mantener precios justos. Además, siempre recalcó la importancia de "tener siempre sueltos" para facilitar las compras diarias.
Otra estrategia infalible fue la tradicional "yapa". Esta cortesía, que completaba la compra obsequiando rompe muelas o deliciosas galletas de maíz (proveídas por una señora llamada Tomasa), fue determinante para fidelizar a su clientela. Los niños que acompañaban a sus padres eran los más felices con esta generosa costumbre.
El Valor de la Palabra y el Crédito Local en el Siglo Pasado
Antes de la modernidad, la economía barrial se basaba en la confianza absoluta. La tienda dejaba la mercadería a crédito sin firmar documentos, confiando plenamente en la palabra de pago semanal o mensual de sus vecinos riobambeños.
De igual manera, sus proveedores confiaban en ellos. Don Luis recordaba con gran gratitud al señor Pazmiño, un distribuidor del sector de San Francisco que les entregaba el arroz a crédito sin ningún problema. Todo esto ocurría en jornadas de trabajo ininterrumpido que iban desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche.
La Adquisición del Local Propio en el Centro de Riobamba
El paso más grande para la familia Flores fue la compra de su propio espacio, ubicado en la conocida esquina de la calle Primera Constituyente y Magdalena Dávalos. La oportunidad llegó de manera inesperada a través de una clienta cuyo esposo necesitaba vender la casa con urgencia, otorgando facilidades de pago.
En aquel entonces, esa zona marcaba el límite donde terminaba la ciudad, rodeada de terrenos con cabuyales y los antiguos talleres del ferrocarril. La propiedad había estado hipotecada y a punto de ser rematada. Con enorme esfuerzo, lograron reunir el dinero inicial para las escrituras y pagaron la diferencia en poco tiempo. Para Don Luis, esto representó un hito vital, asegurando siempre que "La bendición que nos puede dar Dios es el poder tener un hogar propio".
Luis Flores: Un Personaje Histórico de la Riobambeñidad
Luis Flores, tendero histórico de Riobamba, se consolidó como un pilar de su comunidad. Padre cariñoso y abuelo consentidor, siempre fue reconocido por su sonrisa inagotable al atender y su fe intacta, evidenciada en su hábito diario de leer y reflexionar sobre la Biblia.
Su empuje comercial quedó demostrado en anécdotas de puro esfuerzo, como cuando se levantaba a las cuatro de la mañana los domingos para vender achiote y comino a las comerciantes que viajaban a las ferias de Guamote y Chambo, asegurando un ingreso extra para su hogar.
Como buen riobambeño, siempre se declaró un ferviente hincha del Centro Deportivo Olmedo. Disfrutaba enormemente de la música ecuatoriana, siendo admirador de Carlota Jaramillo, los Hermanos Miño Naranjo, y de pasillos clásicos como Viñedos y Lamparilla.
Aunque lamentaba que la modernidad hubiera diluido el respeto vecinal de antaño, su tienda fue hasta el último día un refugio de esa cordialidad. Como testificó Ema Valle, clienta por más de 40 años: "Es un personaje muy querido, amable y cordial". El legado de negocios cerrados con historia en Riobamba como Comercial Flores es la prueba viviente de su filosofía: para ser feliz en esta vida se necesita amor a Dios y trabajar intensamente.
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